jueves, 3 de julio de 2008

EL JURAMENTO EN EL MONTE SACRO


Algunos personajes de la historia universal se les califica de GRANDES, por que hicieron proezas colosales. La mayoría de ellos, que se sepa, lograron sus hazañas invadiendo pueblos, territorios, ciudades, etc. Conquistaron grandes extensiones, pero siempre imponiendo sus condiciones, y todo lo conquistado quedaba bajo el mando del conquistador. Podemos recordar el Imperio Persa, Alejandro Magno, Julio Cesar y su imperio romano; Anibal el Gran Cartagines; el imperio Otomano; más cerca Napoleón Bonaparte, etc. Todos se dedicaron a expandir sus fuerzas, doblegando a los territorios y pueblos conquistados.

Bolívar fue diferente. Y eso es precisamente lo que lo convierte en el MÁS GRANDE. ¿Porque? Porque Bolívar trajo LA LIBERTAD. Bolívar libertó 4 naciones y fundó una, y a todas les dio las herramientas para que lograran su desarrollo, político, social y por sobre todo moral.
Antiguamente, todo territorio conquistado estaba sometido a pagar tributos a su conquistador.
Bolívar no le quitó nada a nadie. Por el contrario, les dio fortalezas, valores, moral, honradez; entregó su fortuna y su vida por Venezuela, por La Gran Colombia.
Y toda esa EPOPEYA de Bolívar fue destruida por la más ruin y cobarde de las acciones humanas: Por la traición. Por la traición y el egoísmo. Y esa gran Nación, esa patria grande, ESA GRAN COLOMBIA con la que Bolívar soñó y por la cual entregó todo, se partió en mil pedazos, en mil miserables pedazos.

A continuación les transcribo las memorables palabras de Bolívar en el Monte Sacro.

Estas fueron las palabras pronunciadas por Simón Bolívar en el Monte Sacro, delante de su maestro Don Simón Rodriguez, el 15 de Agosto de 1805. Bolívar contaba con 22 años de edad.

¿Con que este es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aqui todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su caracter y sus arrebatos sanguinarios; Bruto clava el puñal en el corazón de su protector, para reemplazar la tiranía de César con la suya propia; Antonio renuncia a los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz; sin proyectos de reforma, Sila degüella a sus compatriotas y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como el crimen divide su tiempo entre la cuncupiscencia y la matanza. Por un Cincinato hubo cien Caracallas; por un Trajano cien Calígulas y por un Vespeciano cien Claudios. Este pueblo ha dado para todo: severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los Emperadores, catacumbas para los cristianos; valor para consquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la Tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su encanto, como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio: filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón. Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros: pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada. La civilización que ha soplado del Oriente ha mostrado aqui todas sus faces, ha hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despojo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el NUEVO MUNDO.

Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.

"Para comprender nuestro presente y saber hacia donde vamos, debemos conocer nuestro pasado"

Angel Rafael Espín.